El Camino de Santiago. El Camino Jacobeo

Camino Primitivo

Autora: Almudena Arribas Bergado

Santiago de Compostela es uno de los grandes centros de peregrinación de la Cristiandad medieval, y el Camino de Santiago la ruta más antigua y más concurrida del Viejo Continente. Un Camino sembrado de numerosas manifestaciones de fervor, de hospitalidad, de arte y de cultura, que, desde la Edad Media, nos reflejan las raíces espirituales de Europa; asimismo, un importante cauce bidireccional de la diversidad de todo el continente, que se manifestará a través de todas las corrientes artísticas y culturales: la filosofía, la literatura, la pintura, la escultura, la arquitectura y la música.  No en vano, el gran filósofo Goethe dijo “Europa se hizo peregrinando a Compostela”.

2022 es Año Jacobeo o Año Santo, una circunstancia que se celebra cuando el 25 de julio, festividad del Apóstol Santiago, cae en domingo (fue en 2021, pero debido a la pandemia, el Papa Francisco ha ampliado el Año Jacobeo al 2022). Desde que el papa Calixto II instaurara el Año Santo Jacobeo en 1126, cada Año Santo, se abre la Puerta Santa de la catedral de Santiago de Compostela y, cuando el peregrino llega a la tumba del Apóstol, alcanza  “el Jubileo”, es decir, la Indulgencia Plenaria (se le perdonan todos los pecados).

Un poco de historia… del Camino de Santiago

Santiago el Zebedeo, llamado el Mayor, uno de los Doce Apóstoles,  muere a manos de Herodes en el año 44 d. C. Según la tradición, sus restos llegaron  a las costas gallegas en una mítica embarcación de piedra pilotada por sus discípulos Atanasio y Teodoro.

Hacia 820, un ermitaño llamado Paio comunicó al obispo Teodomiro de Iria Flavia (localidad cercana a Padrón), haber visto una guirnalda de estrellas en el bosque Libredón. Allí, en un antiguo cementerio de la época romana, encontraron el (“supuesto”) sepulcro del Apóstol Santiago. El Papa León III extendió la noticia a toda la Cristiandad y, muy pronto, los peregrinos comenzaron a llegar al venerable lugar, el llamado Campus Stellae (Campo de Estrellas -Compostela-). Alfonso II, rey de Asturias entre 760 y 842, mandó construir la primera iglesia.

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Reconocimiento como «…gran peregrinación de la Cristiandad»

En el siglo XV, en 1492, durante el reinado de los Reyes Católicos, el papa Alejandro VI declara oficialmente a Santiago de Compostela una de las “tres grandes peregrinaciones de la Cristiandad”, junto a Roma y Jerusalén.

A lo largo de los siglos XV y XVI, el Camino de Santiago comenzó su decadencia., quizás por los “bordoneros” (según los diccionarios de la época “los que disimulando con el hábito de peregrino y el bordón andan vagando por el mundo para no trabajar”, es decir, ladrones, desertores, prostitutas, vividores…, que se escondían bajo el disfraz de peregrino); o quizás porque, en 1589, los restos del Apóstol se ocultaron dentro de la catedral para evitar ser saqueados por el pirata Francis Drake y su paradero exacto no fue descubierto hasta 1879.

Época de oro de la peregrinación

La época de oro de las peregrinaciones fue entre los siglos XI y XIII: los peregrinos llegaban  a pie, a caballo, en barco… desde todos los puntos de España y Portugal, por las diferentes rutas: el Camino FrancésCamino del Norte, Camino de Madrid, Camino de los Mozárabes, Vía de la Plata  … También llegaban desde Francia e Italia por Limoges, por la Vía Lemovicensis, la antigua Vía Aquitania romana. Desde Europa Central, desde Ginebra, por la Vía Podiensis . 

Desde Gran Bretaña, por mar hasta Ferrol… La fascinación por el Camino de Santiago en esta época dorada solo se oscureció por ciertos hechos convulsos de la historia (la Guerra de los Cien Años, 1337-1453, la Peste Negra, 1347-1353, el Cisma de Occidente, 1378…), o por circunstancias adversas (malas cosechas, sequías…).

El desarrollo de las infraestructuras del Camino Santiago

Para asegurar las necesidades materiales y sanitarias del peregrino, se desplegó una importante y completa red de infraestructuras: calzadas, puentes, albergues, hospitales, hospederías, fuentes…, infraestructuras utilizadas incluso por el santo Francisco de Asís en 1214.

Y para asegurar las necesidades espirituales del peregrino, el Camino de Santiago estaba salpicado de catedrales, abadías, monasterios, iglesias y ermitas, lugares de oración y recogimiento. El estilo artístico de estos santuarios es el Románico, corriente que se desarrolló en Europa occidental entre los siglos X-XIII, el primer estilo claramente cristiano y europeo, un arte religioso que refleja los valores de la nueva sociedad feudal, a la vez, guerrera y cristiana.

Desde entonces, a lo largo del Camino de Santiago encontramos verdaderas joyas, como la ermita templaria de Santa María en Eunate (Navarra), la ermita de Santiago en Ruesta (Zaragoza), la iglesia de San Martín de Frómista (Palencia), o el Monasterio de San Millán de la Cogolla en La Rioja, conjunto monumental declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1997, cuna de la lengua castellana… Santuarios de recogimiento y espiritualidad donde la oración, acompañada por el Canto Gregoriano o el Canto Mozárabe, reverberando por las bóvedas, hacían entrar en resonancia, casi en éxtasis místico, a los peregrinos…

Desarrollo cultural junto al Camino de Santiago

En esta época dorada, el Camino de Santiago era, además, un verdadero escenario musical: canciones de peregrinos, juglares, trovadores, músicos ambulantes, segreles, ciegos con sus zanfonas, danzarinas con acompañamiento de panderos… Música medieval, en todos los espacios (calzadas, atrios, santuarios, plazas, calles, hospederías, albergues…). Cantos de todo tipo interpretados por los propios peregrinos para reforzar la confianza en la marcha y la motivación, entretenerse en los descansos y aliviar la fatiga.

Llegar a Santiago de Compostela

Cuando el peregrino llega a Santiago de Compostela, tras las penalidades del Camino (hambre, enfermedades, frío, calor, lluvia, bandidos, alimañas…), ya puede disfrutar con la magnífica catedral de Santiago, de estilo románico en su interior, construida  entre 1160 y 1211. Sus estilizadas torres medievales con remates barrocos de 74 metros de altura, la verticalidad de su fachada principal que se eleva como un arco triunfal y su Pórtico de la Gloria, realizado por el maestro Mateo y sus colaboradores (su obradoiro o taller), por encargo del rey Fernando II de León, cuya arquivolta que rodea el tímpano está decorada con los 24 ancianos músicos mencionados en el Apocalipsis, con sus instrumentos musicales (fídulas, organistrum, laúdes, tejoletas…),  y sus redomas llenas con las oraciones de los justos.

Y en el interior de la catedral de Santiago, el Botafumeiro, el enorme incensario, quizás el mayor del mundo, usado desde la Edad Media como instrumento de purificación e higiene. Hoy, 800 años después, sigue maravillando a los presentes cuando, impulsado por un grupo de 8 personas, los llamados tiraboleiros, se eleva frente al altar mayor en un recorrido pendular hasta casi rozar la bóveda, alcanzando en apenas minuto y medio, una velocidad de 68 kilómetros por hora.

El Códice Calixtino en la Catedral de Santiago

También en el interior de la catedral de Santiago, el peregrino se maravillará con el Códice Calixtino (h.1160-1180), el códice medieval más célebre de la peregrinación jacobea, una compilación en cinco libros de textos litúrgicos, homilías, sermones, tradiciones jacobeas… Un manuscrito que incluye la Guía del Peregrino del Camino de Santiago con indicaciones de  rutas, alojamientos, obras de arte y consejos para peregrinos, escrita hacia 1140, posiblemente, por el monje benedictino Aimericus Picaud.

El Códice Calixtino incluye 22 partituras polifónicas, a dos voces, como el himno Dum Pater Familias o Canto del Utreya (el gesto solidario para darse ánimos), o la primera pieza a tres voces de Occidente, el himno Congaudeant catholici.

¿Comenzamos nuestro Camino?

Peregrinar a Santiago constituye una  búsqueda de nuevas y enriquecedoras experiencias. Por un lado, las vivencias del cambiante paisaje, la historia y la cultura compartida. Por otro, las vivencias espirituales que, en ocasiones, desembocan en un profundo cambio en nuestro interior, una mayor apertura al conocimiento, a la amistad, a la comprensión mutua y a la solidaridad.

Así pues, cojamos la capa y la esclavina para el frío, el sombrero de ala ancha para la lluvia y el sol, el bordón para ayudarnos a caminar (a veces, las cuestas son empinadas como en O Cebreiros o Portomarín y, por supuesto, en caso de ataque de alimañas), la calabaza para el agua, el morral para la comida y comencemos nuestro Camino siguiendo las flechas amarillas… Nuestro objetivo es conseguir la vieira, símbolo de nuestro regreso triunfal.

¡Buen Camino!

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